
foto: Gonzalo Sainz-Trápaga
Han pasado cinco años desde que recibí mi primera llamada oficial de una editorial. En realidad fue un día cualquiera, con un cielo que no recuerdo y en plena calle, dirigiéndome a no sé dónde qué sitio. Después de todo un año enviando cedés -de todos los colores y tamaños, y esto es literal- junto a mi socio y grandísimo letrista Jesús Domínguez, por toda la geografía española, aquella invocación parecía provenir del mismísimo cielo. Y no, no fue San Pedro ni mucho menos quien predicaba por el altavoz. Tras el aparato se encontraba San Javier Dean, entonces A&R de BMG Ed., y actualmente en EMI. Nos llamó a la cuarta canción, convencido de que podía mover nuestro repertorio y con suerte, acceder a un catálogo de artistas para nosotros inalcanzables. Aquello encendió la mecha de la ilusión y sin dudarlo ni un solo instante, faltos de cariño, viajamos a Madrid a conocer al responsable de que con sólo una llamada, nuestra autoestima cotizara en Bolsa.
Javier Dean es un encanto de persona. Recuerdo su despacho compartido, colmado de maquetas. Había cedés apilados hasta en la cornisa de la ventana. A pesar del trato exquisito y la gran oportunidad que se nos presentaba, salí de allí bastante preocupado. Fui consciente en aquel mismo momento de que había muchísimos autores como nosotros que habían dejado su material sobre aquella enorme montaña de sustrato de policarbonato plástico. “¿Cómo demonios van a reconocer y valorar nuestro trabajo entre todo aquello?” pensé, olvidándome por completo que ya lo estaban haciendo.
No hacía mucho que había dejado Madrid tras mi etapa universitaria y mientras recorríamos de vuelta la avenida de Los Madroños, antigua sede de la editorial, me sentí como el personaje provinciano de Paco Martínez Soria paseando por la capital. Armados con un teléfono y un listín casero impreso de varias páginas webs, probamos suerte en otras editoriales y compañías. “Somos jóvenes autores”, “hemos viajado hasta Madrid” y “si tuvierais unos minutos” fueron las frases más empleadas. Y funcionaron. Nuestras primeras canciones con una artista de la disquera de Pepe Barroso nos permitieron reunirnos con José María Martínez, entonces director artístico de PEP´S. Con fortuna telefónica nos citamos con Dominic Gibson y Jesús Amaro, residentes de la Editorial NOVA, perteneciente a aquel estúpido ejemplo empresarial llamado GRAN VÍA MUSICAL. Con Juan Tomás Tello de EMI nunca logré hablar, aunque sí con su amable contestador varias veces. Y para acceder a UNIVERSAL utilicé el nombre de un contacto que me chivaron desde Sevilla, aunque de poco sirvió, porque no conseguimos pasar de los sofás que acompañaban la recepción. Recuerdo que habíamos compuesto un tema para Sergio Dalma que denominábamos muy orgullosos: “el tema”. Lo grabamos en un cd, imprimimos el título lo más grande posible y lo entregamos allí, al lado de una señorita que no paraba de contestar al teléfono.
En cinco años todo ha cambiado. Javier Dean ahora trabaja en Emi y su anterior editorial la ha comprado Universal. Pep´s apenas existe y lo poco que encuentro de ellos es el sello de la ranita detrás de algunos de sus antiguos artistas que hoy trabajan con otras compañías. Nova, Muxxic y Gran Vía Musical desaparecieron, y con ellos aquel tipo excéntrico y divertido de nombre Dominic, quien de pié en su despacho gesticulaba sin freno, tocando solos de batería en el aire -¿qué será de él?-. Universal tenía dos hermosas plantas en un gran edificio que se han convertido en una, y además a Sergio Dalma nunca le llegó nuestro tema. Esto lo sé de muy buena tinta –más bien de su propia tinta-, porque ha sido este verano cuando al fin lo ha escuchado, y ha estado muy cerca de incluirlo en el nuevo álbum que está acabando. Cinco años después.
Alguien definía el mundo de la música como una gran estación por donde pasan innumerables trenes. Al contrario que en otras profesiones donde las oportunidades son escasas y surgen una vez en la vida. Aquí el problema no es pillar un tren. Más bien es que nunca sabes dónde vas a acabar. La mayoría llegan a sitios cercanos, a rincones comunes y vuelta a empezar. Pero a veces el trayecto es más largo, cruza océanos y continentes. Y te ves tocando, escribiendo o colaborando en lugares insospechados. Un día suena el teléfono y te comentan que alguien quiere grabar tu canción en El Líbano, y no sales de tu asombro pensando cómo cojones has llegado hasta esa parada.
Nosotros tomamos el tren que iba a Madrid hace cinco años, el AVE para más determinación, y aprendimos a movernos por esta gran estación. A ponernos en la cola. A comprar buenos billetes. Aquel tema que hicimos para Sergio Dalma hoy se encuentra grabándose en México, de la mano de un gran productor llamado Memo Gil –Maná, Ricardo Arjona…- y un genial artista llamadoMijares.
El título, lo más paradójico. “Y sigo aquí esperando”.
Cinco años después. Como viajeros en el andén de la música.
Estas palabras están dedicadas con mucho cariño a Javier Dean. Por ser el primero.





