fotografía: Satanslaundromat
Los libros de Milan Kundera acompañaron mis mañanas universitarias allá por Madrid, cuando Internet era una carretera comarcal recién asfaltada y muy pocos gozaban de un buen automóvil para cruzarla. Entonces uno no quemaba su tiempo en viajes lentos y absurdos, hacia ningún lado. Se quedaba en las escaleras de la facultad, leyendo obras como “La insoportable levedad del ser” de cara al peatón, esperando que alguna chica guapetona y de obligado aspecto intelectual se arrimara curiosa. Explicar lo insoportablemente leve que era el ser para el escritor checo, daba suficientes motivos para tomar un café y “algo más”.
Hoy en día si deseas tomarte un café y “algo más” con cualquier editor, A&R o mandamás de alguna compañía discográfica, más te vale haber tenido algún golpe de suerte, llámese canción, disco o tocata, con cierta repercusión. Si no es así, es probable que hasta te toque a ti pagar la merienda. No hace mucho, en una gala organizada por SGAE llamada “La noche de los autores” coincidí en la mesa con Pedro Herrero, componente del grupo Los Pecos, todo un clásico, y me recordó con enorme sabiduría que en la industria musical, como en la vida, “a la primera siempre invitas tú”. Pero tras esa costosa ronda, todos buscamos con cierta esperanza que más pronto que tarde se cambien las tornas.
¿En qué momento pasamos de ser el tío pesado que llama a las discográficas, al tío orgulloso que recibe las llamadas de las mismas?. Muy fácil. Cuando haces éxito.
El éxito es un concepto bastante general y muy manipulado, por lo que a veces parece imposible desligarlo a la imagen de grandes gafas de sol, coche con chófer y dinero lloviendo en tu patio. Éxito también es superar con entereza una grave enfermedad, formar una familia unida o enviar una misión de reconocimiento a Marte. El problema es que la Música es en gran parte mercado, y en ese parqué nadie entiende de medicina, de estirpe ni de naves espaciales. Todo es insoportablemente más sencillo si alguien confía en ti y en tu trabajo. Es curioso como una frase del tipo: “fue el que compuso tal canción de fulanito”, o “fue quien produjo tal o tal éxito” ejerce una inaudita transformación en el oído del responsable en cuestión, que en milésimas de segundo comienza a percibir arreglos, detalles y fragmentos de letras antes invisibles. Da igual a qué escala, con más o menos presupuesto… Siempre es lo mismo, sea Sony BMG o una pequeña disquera de barrio. Si has hecho éxito, la insoportable levedad de tu trabajo engordará, cogerá kilos por momentos. Se volverá soportable y necesaria, porque te dará ese espacio que te corresponde. Esa sensación de que vas bien encaminado, orientado en esta insoportable carrera de fondo, como un etíope concentrado hacia una meta.
¿Que cómo se alcanza el éxito?. Eso nos preguntamos muchos. El científico Eduardo Punset habla de ello en un artículo publicado en XLSemanal el 14 de Octubre de 2007, que he podido resumir en varias pistas:
1 - La primera pista para tener éxito es quererlo. Fijarse objetivos es imprescindible, pero hay personas que cifran expectativas desmesuradas; al no alcanzarlas, generan ansiedad y miedo. Otras se ponen objetivos por debajo de sus posibilidades, sin alcanzar los niveles de creatividad necesarios para el éxito.
2 – La segunda, la paciencia. Las prisas son malas compañeras del éxito no tanto porque no dan tiempo para pensar, sino, simplemente, porque estresan.
3 - Compartir ideas. En lugar de predicar todo el rato para que lo entiendan a uno, es fundamental intuir lo que piensan los demás, aunque pertenezcan a universos distintos o separados.
4 - Convertir el gusto o la vocación por algo, en enamoramiento. Es difícil convencer de algo de lo que no se está enamorado.
5 - Persistir en el empeño. Lo normal es pecar por defecto y tirar la toalla. Las ideas brillantes requieren tiempo para tener éxito.
6 - Probar y hacer cosas nuevas. Construir entornos insospechados en los que asentar emociones nuevas.
7 - La última pista para tener éxito no es realmente una pista. Y se le suele dar, sin embargo, una gran importancia en todas las culturas: la suerte.
Así que como si un recetario se tratase aquí me hallo atando cabos, de madrugada, guitarra en mano, intentando seguir a rajatabla las palabras del sabio Punset, en busca de la fórmula mágica. A la que yo sin duda le añadiría un último y esencial ingrediente marca de la casa: la insoportable obligación de creer en ti y en tu trabajo por encima de todas las cosas. Como un deber natural y legítimo. Así al menos lo imagino yo, mientras camino en esta interminable maratón, como mi mente camina en busca de una nueva canción que me adentre un paso más allá. Invitando a más de una ronda, a mi pesar, a veces. Pero avanzando. Hacia donde el camino parece más fácil. Y quizás, lo más fácil sea perderse.





