Archive for Noviembre, 2007

Rumbo a casa

30.11.2007

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fotografía: Mazintosh

Al contrario de lo que muchos piensan, y con esta lata irrenunciable de ir cumpliendo años, uno va conociéndose cada vez más. Poco a poco vamos siendo admitidos en algún segmento social extraño, del tipo cascarrabias con gafas de pasta negra o treintañero que no le gusta el queso si no está fundido. Por suerte o por desgracia ninguno de estos ejemplos refleja mi personalidad, aunque recientemente he descubierto que he echado los papeles para inscribirme en el llamado “viajeros a los que les da más miedo despegar que aterrizar”. Según las estadísticas y el sentido común, los problemas de un avión al aterrizar son muchísimo mayores que los que pueden suceder al despegar. Como por ejemplo que al piloto se le olvide sacar el tren de aterrizaje y vaya a usted a saber. En cambio, para mí el despegue representa el momento del “todo o nada”, el punto justo donde o te elevas o tienes la sensación que irás a parar al fondo de la pista. Para ser franco, me acojona.
Acabo de cruzar el Atlántico, de vuelta de Los Ángeles, CA. Allí he asistido a mi primera grabación en la soleada tierra del “show businessmen”. Este era un viaje con el que he soñado desde hace años y tras varios amagos e intentos fallidos, al fin he disfrutado como un niño con zapatos nuevos.
El artista, Paul Maxwel, inglés. La fantástica producción corría a cargo de mi amigo y productor Héctor Pérez. La grabación en los estudios Watersound (Luis Miguel, Molotov, Thalía…) de Studio City y en los estudios AfterHours en Woodland Hills. Y como ingeniero de sonido Rafa Sardina (ganador de 10 grammys). Si continúo citando con cuántos artistas han grabado los músicos que han intervenido en el álbum (metales, coro gospel…), quizás no acabara nunca. En resumen: un subidón de siete días pasados por una consola Solid State Logic.
Los Ángeles es una ciudad que oculta una maquiavélica trampa. Tras sus amplias avenidas, su clima perfecto y mezcla de culturas, convive la terrible sensación de que todo el mundo puede triunfar. Mientras cruzas Sunset Blv., en tu flamante coche japonés de alquiler, al son de un elegante smooth jazz que emiten en la 94,7, uno espera cruzarse con la gran oportunidad de su vida. Quizás por ello aún pervivan en sus calles tantos aspirantes a actores, músicos, estrellas… gente joven que viajó en autobús sólo con su guitarra al hombro, en busca del archiconocido sueño americano. O tal vez no lleguen en autobús desde alguna recóndita granja de Dakota y esta vez viajen en avión, a buen precio, haciendo escala en Londres, como un servidor. El caso es que vengas de donde vengas, aquello parece estar hecho a tu medida. Y la realidad es que puede que todo no se vea tan fácil al sur del Downtown.
Me cuentan que allí el que tiene talento y se esfuerza siempre llega. Que la ciudad es justa con la gente que vale. Pero que para progresar necesitas tiempo. Las distancias son largas, la paciencia indefectible. Es la ciudad del “take it easy” no lo olvidemos. Y es a primera vista, genial. Como un buen decorado justo antes de filmar. Allí durante un fin de semana hay un movimiento musical mucho mayor que en seis meses en nuestro país. Y conocer a K.C. Porter (Santana, Ricky Martin, Michael Jackson…) mientras se aventura a comprar un helado junto a su hija es perfectamente posible –de hecho, así me ocurrió-.
Tras siete días y muchas horas de grabación, es imposible volverte sin un ápice de tristeza. La generosidad con la que nos trató Rafa Sardina –espectacular profesional y gran amante de los vinos- y su familia, abriéndonos su casa y compartiendo con nosotros algunos lugares de esta maravillosa ciudad, fue indescriptible.
Además pude disfrutar de un desayuno junto a Claudia Brant, compositora argentina afincada allí, autora de multitud de éxitos para artistas latinos de la talla de Cristian Castro, Alejandro Fernández, Luis Fonsi, Ricky Martin… que vive en una casa preciosa entre Canoga Av. y Mulholland Drive. Con ella intercambié grandes consejos.
Ahora una vez de vuelta, aún tengo el regusto que Los Ángeles te deja en el paladar. Te ves con fuerzas y posibilidades. Con algunos contactos de los que tirar y sobre todo que ya pasó lo peor, el miedo a lo desconocido. Ahora sabes cómo llegar, qué coche debes alquilar, en qué lugar debes hospedarte, dónde ir a desayunar, a qué músicos contratar, cómo es un atardecer en medio de la playa de Santa Mónica y a qué puerta llamar en caso de urgente auxilio. Quizás por ese miedo que me persigue a despegar -a ese momento por muchos desatendido y crucial del “todo o nada”- esta última semana se convierta en una experiencia más, sin mayores consecuencias. Una pericia que recordar entre otras tantas que la música te da. Tal vez no vuelva a subirme en ese avión con o sin billete de vuelta. Pero insisto, es esa terrible sensación de que allí todo el mundo puede triunfar la que te araña. La que hoy circula por mi cabeza y gira a la derecha con el semáforo en rojo. La que me inunda en esta paradoja con sabor a yankee. La que hace plantearte esa gran apuesta de cambiar de lugar y de vida. No sé. ¿Sería posible?.
Es tarde. Mañana he de volver al trabajo. Escribir nuevas canciones y seguir con los proyectos que esta aventura americana había aparcado. Entonces ya no habrá tiempo para estas reflexiones. Enfilaré escaleras arriba como un avión enfila la pista. Al fondo, hay alguien muy importante en mi vida, que me espera agitando los brazos, con dos luces.

Gracias Los Ángeles, pero creo que por esta vez, volaré bajo.

Rumbo a casa.


Junto a Rafa Sardina en AfterHours, Los Ángeles, CA

Durarán los buenos

12.11.2007

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fotografía: Escapista

En un acto sin precedentes, me he apuntado al gimnasio. La última y única vez que asistí a un recinto como éste, fue hace unos diez años. Duré unos ocho días. Fue durante la universidad y ya sabemos lo duro que es ese momento de tu vida, trasnochando cual guardia jurado y acusado de un doping crónico. Fue un desliz, lo admito. Pero esta vez era necesario tomar esta espinosa decisión. Exigencias del guión y de una incipiente barriga, de esas donde con el tiempo apoyas la guitarra sin colocar la correa. Pues una de las consecuencias inmediatas de mi esforzado ejercicio, además de rebajar peso, están siendo unas más que animadas charlas matinales con mi amigo alemán y colega de profesión, Bernd Voss. Él ha trabajado con artistas de la talla de Umberto Tozzi, Bonnie Tyler, Dionne Warwick, Backstreet Boys y un sinfín más, tanto en su país Alemania, como en EEUU, Italia, Austria y ahora en nuestra España querida. Con él comparto proyectos, discusiones musicales y cintas andadoras. Y de esta forma, el gimnasio pasa a ser un lugar infernal mucho más grato.

Ante la enorme ola de pesimismo que nos inunda a la mayoría de profesionales del sector musical, ya sabéis, eso de “la cosa está muy mal”, “no sé dónde vamos a acabar”, Bernd tiene la firme teoría de que todo esto no es sólo un pensamiento erróneo, sino que también es falso. Asegura con gran acierto que se está consumiendo más música que nunca, y que el problema reside fundamentalmente en el cd. Esta industria se ha sustentado durante muchos años, en gran medida, en la venta de este soporte, hoy en vías de extinción, y todos hemos reaccionado tarde ante la llegada de las nuevas tecnologías derivadas de la explosión de internet. Durante la aparición de este invento, las compañías discográficas encontraron un gran negocio a corto plazo: vender nuevamente todo su catálogo de éxitos en vinilo pasados a formato digital. El trabajo ya estaba hecho pues todo el mundo demandaba los mismos LP´s que colgaban de sus estantes, esta vez en cd. Cero promoción. Cero inversión en la búsqueda de nuevos talentos. Y a llenarse los bolsillos, volviendo a vender la discografía de los Beatles, Dire Straits o de cualquier banda histórica del rock. El caso es que una vez impuesto el nuevo formato, todos sabían que el presente que hoy nos rodea llegaría tarde o temprano. Porque lo más curioso, es que a veces tengo la impresión que lo que menos importa en todo este negocio, es en el fondo, la propia música. Y me explico.
Columbia, Atlantic, Epic, Capitol, Mowtown… todas fueron compañías disqueras creadas a mediados del siglo XX, que descubrieron y apoyaron a los primeros artistas de gran difusión. Ellos inventaron este negocio, buscaron las primeras líneas de promoción y fueron pioneros en casi todo. Se preocuparon en crear una industria basada en la producción musical, observando que el público demandaba música y se empeñaron en hacérsela llegar. Aún así, ellos se preocuparon porque el mensaje fuera de primerísima calidad. Músicos, artistas y hombres de negocios con un depurado criterio musical. Entonces ¿qué ha cambiado?. La pregunta clave es, por ejemplo, ¿qué hace entonces una compañía fabricante de componentes electrónicos como es la japonesa SONY, dedicada a la inversión y hallazgo de nuevos artistas del panorama musical?. La respuesta: apoyar sus soportes, nada más. SONY compró muchas de esas discográficas para que los artistas que las representaran apoyaran sus nuevos inventos. Y así lo hicieron también con el cd. Ellos venden grabadoras de cds, cds vírgenes, equipos que reproducen cds, es más, junto con Philips tienen la patente del cd como soporte de grabación. Vieron como sus vídeos Beta –qué grandes recuerdos- desaparecían del mercado aún siendo mejores que los VHS, que terminaron floreciendo en todas las casas del mundo. Entonces no tenían forma de apoyarlo. Ahora SONY produce películas –compró Columbia Pictures- y está luchando por imponer en el mercado el famoso lector Blu-Ray que trae su famosa Playstation 3. Hagan sus apuestas porque lo logrará. Pero yo aquí no encuentro músicos, ni hombres de negocios con un depurado criterio musical. Encuentro tíos que hacen unos televisores cojonudos. Y que cobran un porcentaje por cada cd virgen que se vende, sea para piratear a uno de sus artistas o no. La música es una línea más de su negocio, porque son ellos los que deciden en qué equipo, altavoz, formato, o nuevo invento se va a comercializar o simplemente, vamos a escucharla. Para que nos hagamos una idea: SONY consiguió que los camiseros de todo el mundo cambiaran el tamaño del bolsillo de una camisa clásica, con la medida exacta para que entrara un cd, cuando antes los bolsillos eran todos más pequeños. Detrás de los dos éxitos españoles musicales a nivel mundial más recientes como son “Macarena” y “Aserejé” se encuentra SONY, el Real Madrid de las disqueras y la única capaz de convertir esas canciones en fenómenos mediáticos. Pero quien dice SONY podría decir Universal que es parte de la francesa Vivendi, BMG -que ha sido una editorial de libros antes que compañía de discos-, Warner que es la tercera major más antigua de Hollywood… y muchos otros casos. Todas tienen su pequeña historia detrás, que poco o nada tienen que ver con el pentagrama. Por lo que tras este desfile de intenciones y despropósitos, uno no deja de preguntarse ¿dónde queda la música en todo este circo?. No digo que no haya profesionales de la música en estas compañías quebrándose el coco por sacar proyectos y artistas adelante, pero si a los que verdaderamente mandan, esos cuyos despachos se hallan en la última planta del rascacielos, les interesa más sacar un nuevo reproductor de audio portátil, que alguien de calidad que suene en él, no será que ¿les estamos exigiendo demasiado?. Quizás es hora que nuestra música nos pertenezca sólo a nosotros y que la industria mude de piel. Quizás haya que asumir que nada es lo que fue.
Si lo pensamos fríamente, hay más canales de televisión que nunca, más estaciones de radios, más vías de comunicación, en definitiva, más medios para difundir la música. Estos últimos seis meses yo mismo he notado que he trabajado en numerosos proyectos que poco tenían que ver con el mercado discográfico. La Publicidad, el cine, la televisión, los videojuegos… se alimentan inexorablemente de la música. Cada preasamblea de la SGAE a la que acudo, observo sorprendido como mientras cae la recaudación por derechos mecánicos (ventas de cds) hasta un abismo sin fondo, sigue aumentando año tras año el ingreso por comunicación pública, conciertos, redes, dramáticos…
Entonces ¿por qué tanto pesimismo incontrolado?. El futuro sólo puede ser mejor que el presente. ¿O no?.
Mi apreciado colega Bernd lo tiene muy claro. Yo lo veo correr sobre la cinta y al terminar siempre comenta “debo darme más caña”. Imperturbable, con esa seguridad que da su planta alemana y tantos años de experiencia en primera línea de fuego. “De aquí a muy poco, muchos desaparecerán, sobre todo los que han hecho más daño a esta industria, y al final sólo quedaran los que tienen ganas de hacer cosas. Los que apuesten por la música. Los buenos”, dice mientras se seca el sudor.
“Los buenos”, querido amigo. Ojalá los buenos duren más que tú y yo en este maldito y despiadado gimnasio.

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