Archive for Febrero, 2008

fotografía: Kiki Sicardo

Son días difíciles desde la habitación 703 del hospital donde me encuentro haciendo guardia. Problemas de salud familiares me han arrastrado hasta aquí, en este duro comienzo de año, sobre todo a nivel personal. En estas situaciones lo único que puedes hacer es encomendarte al destino, y seguir el a veces incomprensible camino que trazan los médicos en busca de una solución. Esta irremediable condición de ponerse en manos de un señor de bata blanca, le pone a uno bastante nervioso. Es normal que en los momentos de crisis, nuestra primera reacción sea dudar sobre las decisiones de los demás. Rápidamente confundimos los papeles y pensamos que el hecho de haber jugado a los médicos alguna vez, con aquella compañera rubia de banqueta verde escolar, nos otorga derecho a enrollarnos el “fonendo” al cuello. Y lo peor: a creer saber qué es lo mejor para el enfermo. La música no es muy diferente en este aspecto. Básicamente pecamos de lo mismo.
A veces mientras desayuno, ojeo la prensa deportiva, me alejo de tanto ensayo clínico y pienso lo crudo que lo tienen los entrenadores de fútbol. Ellos trabajan a diario, junto a los equipos médicos, fisios, secretaría técnica, encargados de escalafones inferiores… Tienen más información que nadie sobre el club, los jugadores, sus problemas personales, su motivación… Y tomen la decisión que tomen, siempre estarán cuestionados. ¿Por qué?. Porque todo el mundo cree saber de fútbol. Da igual que estés en pijama frente al televisor y no sepas si el delantero titular se está separando de su mujer, o tiene a su madre grave ingresada en el hospital y pasa por un pésimo momento anímico. Crees saber qué es lo mejor para que tu equipo sume de tres en tres y no hay discusión posible.
Este hecho ocurre de mil formas distintas: los padres creen saber qué es lo mejor para sus hijos, los presidentes de los gobiernos lo que es mejor para el pueblo, y por supuesto los mánagers, editores, A&R, autores, productores, arreglistas, asistentes y jefazos de radios…para los artistas. En definitiva siempre es lo mismo.
En nuestro caso, da igual la progresión armónica que utilices, o la profundidad del tema que en la letra abordes, porque el jardinero puede pasar y decirte que la canción es feísima. Que no le gusta como cantas, o que la performance que llevas tiempo diseñando es una pérdida de tiempo. Y a veces no es el jardinero o un obrero de la construcción, sino un editor “veleta”, un mánager “matemático”, o el director de la mayor compañía disquera del mundo latino. Da igual que tu canción para ti sea tan redonda como el balón de la liga, si no la coge Ronaldinho y la coloca en la escuadra.
La diferencia lo marca un elemento fundamental en cualquier profesional. El único principio que es capaz de desprenderse del talento si hiciera falta, saltarse los preceptos del márketing, y aparecer donde nadie lo esperaba. Es el David Copperfield de las virtudes, escurridizo y más trascendente que una potente voz o un físico de infarto.
Es tener criterio. Así de simple.
Hay que empezar a reconocer desde dónde vienen esas opiniones y saber valorarlas. Cuánta importancia tienen y qué conclusiones podemos sacar de ellas. El primer error que podemos cometer es pensar que vamos a fracasar estrepitosamente porque a nuestro jardinero no le guste nuestro trabajo. O mucho peor, pensar que vamos a alcanzar el éxito porque no deje de silbar la melodía que llevas toda la tarde tocando, mientras rasura nuestros rosales.
En realidad la mayoría de las decisiones artísticas que se toman en la industria musical tienen que ver con la falta o no de criterio. Y lo mejor de todo es que se ven venir a leguas. Escucho diariamente artistas, productos o canciones nuevas en la radio que bajo mi punto de vista no tienen la mínima posibilidad de tener éxito. Aún así, hay alguien que invierte dinero en ello y lo peor de todo, pretende convertirlo en beneficios. El porcentaje de artistas que no alcanzan un mínimo de éxito –por éxito me refiero a vivir de esta profesión al menos- gana de forma aplastante a los que logran mantenerse unos mínimos años. Yo mismo he apostado por artistas firmemente que luego no han funcionado en absoluto. Y me ha demostrado lo poco que sé de todo esto y lo mucho que mi criterio tiene que aprender al respecto. No son fáciles estas decisiones, pero las que sobreviven siempre tienen un por qué.
Existen muchos tipos de criterios, algunos que no somos capaces de entender porque van dirigidos a un público fuera de nuestro alcance. Cuántas veces nos preguntamos cómo es posible que tal artista haya vendido ciento de miles de discos. Normalmente hay algo que se nos escapa y no llegamos a ver, pero las cosas nunca pasan por casualidad. Siempre hay no uno, sino varios motivos que sostienen esa victoria.
Un ejemplo rápido de la música más comercial sería Enrique Iglesias. Muy criticado por el público de a pié, por no tener grandes cualidades vocales y ser “hijo de”. Nadie vende 15 millones de discos sólo por eso. Sus producciones son exquisitas, sus temas, directos y muy enfocados a quién le sigue. Ha sabido pasar de lo latino a la electrónica, del español al inglés… y combinarlo todo. Sin hacer ningún tipo de alarde vocal, cada frase que ejecuta está perfectamente interpretada, donde por encima de la estética prima siempre la intención. Enrique Iglesias produce sus propios álbumes y co-escribe sus temas, siempre ayudado por un equipo de personas de primer nivel. Eso para mí es tener buen criterio, y no ha sido sino eso lo que le ha permitido seguir en una gran posición con el paso de los años. Y con todo esto no quiero decir que ser “hijo de” no sea un factor beneficioso. ¡Por supuesto que también lo es!. Pero hay que saber aprovecharlo. Ser un artista no es sólo saber cantar.
A nivel de producción el criterio también es puro maná. Hay varios tipos de productores musicales: los que están encima de cada nota y movimiento, como lo ha sido y es Quincy Jones por poner un ejemplo, y los que sabiendo sólo lo más básico del pentagrama han grabado discos que han vendido lo más grande. (Estos no los nombro no me vayan a amenazar con una pata de micro en mano, aunque me dejara golpear por alguno con el fin de conocerlos). Los dos tienen el mismo punto en común: su gran criterio musical. Esto no consiste exclusivamente en llamar siempre a los músicos más caros, si no a los más adecuados para cada producción. Decidir qué canción es perfecta para un artista, y disfrazar sus puntos débiles a la vez que reforzar lo mejor de él. Luego es evidente que la fortuna, las decisiones comerciales y un millón de factores más influyen para que un artista se sitúe número 1 en el Billboard.
Otro ejemplo. Glen Ballard produjo y co-escribió el “Jagged little pill” de Alanis Morissette que vendió 18 millones de discos en todo el mundo. Dejó gran parte de las voces de referencia que grabó en el estudio de su casa. Ella tocó la armónica y él las guitarras, teclados y programaciones, trabajando a buen ritmo y muy enchufados. Vamos que entre los dos, parieron el álbum -aunque luego regrabaran las partes instrumentales en un estudio mayor-. La compañía discográfica que lo sacó a la venta fue Maverick que fundó la cantante Madonna, otra a la que si algo no le falta,es criterio. El éxito de este trabajo no se debe únicamente al talento innato de Alanis. Es una cadena de intenciones en una buena dirección. Un cúmulo de y siento repetirme, buen criterio.

Ahora, colgado en esta invernal habitación de hospital y atado a la situación delicada en la que me encuentro, he decidido no suplantar a ningún médico más y confiar fielmente en su palabra. Creo que es la única forma de reforzar la fe en que todo va a salir bien. He tenido tiempo para observar su trabajo y estoy seguro que hace lo mejor que cree para su paciente, aunque a veces en casa no entendamos su criterio. Me encantaría que pensaran lo mismo de mí, cuando escribo una canción para un artista en concreto. Porque es lo que hago. Escribo lo mejor que puedo y sé. Aunque a veces no sea suficiente, yo también creo saber lo qué es mejor para cada artista.
Y esta noche, lo mejor para mí es no perder la esperanza nunca.

Para mi madre, que es mi vida. “Nunca dejes de luchar”.

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