Hace tiempo que no te escucho cantar

4.11.2008

PUBLICADO EN Blog

fotografía: Escudella

Ahora que estreno nuevo estado civil y que el profundo trasiego de este año parece recobrar la cordura, empiezo a recuperar el ritmo diario, como un corredor cuya respiración alcanza la perfecta sincronía. Hoy es uno de esos “días cualquiera” que no te ofrece más novedades de las que están programadas. No espero sorpresas ni llamadas desestabilizadoras. Me basta con seguir el guión. Editar el último tema que grabé ayer, preparar la sesión de guitarras que grabaré mañana… es tan fácil como llevarse la cuchara a la boca, lo sé. Pues aquí me encuentro tecleando, para romper el orden y convertir esta rutinaria mañana en otra cosa.
Hace poco tuve una sanguinaria discusión con una joven artista. Hablaba -como es normal- sobre su frustración y posibilidades para seguir avanzando en este injusto mundo. Sus planes tuvieron que ser sustituidos por unos nuevos. Y esos, por otros diferentes. Todo giraba en inventar la fórmula perfecta, encontrar el proyecto salvador o a las personas que la subieran en el siguiente vuelo hacia al éxito. A veces la inquietante naturaleza de los artistas les impide reconocerse así mismos. Y en el interior de cada uno, posiblemente se halle la respuesta. Quizás debamos empezar por conocer de qué material estamos hecho.
Hay muchas formas de catalogar al ser humano. Pero a mí me encanta hacerlo de dos maneras. Personas sensibles y personas que no lo son. La sensibilidad es la tendencia natural del hombre a sentir emociones, a responder a ciertos estímulos que el mundo nos ofrece. Hay gente que no tiene agudizado este sentido. Son capaces de mantenerse firmes ante estos sentimientos sin hacer ningún esfuerzo. Es su forma habitual de enfrentarse con la vida y por su cabeza no se les pasa ni mucho menos cantar o escribir sobre sus propias frustraciones o subirse a un escenario. Son justo lo contrario, pero igualmente necesarios. No olvidemos que este tipo de personas con sus virtudes y sus defectos, hacen que gire este mundo. Escriben las reglas, toman influyentes decisiones. Desde el más pequeño al más grande. Actúan, pero de otra manera.
Las personas sensibles son sufridoras por naturaleza. Se alimentan de todo lo que a los otros les pasa desapercibido. Tienen muchas más inseguridades porque todo les afecta. A veces con el tiempo, se van haciendo más duras y consiguen filtrar algunas, aprendiendo a distinguir entre ellas. Tienen la necesidad vital de encontrar su camino y junto a él una válvula de escape para todo aquello que absorben. Si no revientan. Ven lo que otros no ven y llegan allí dónde muy pocos alcanzan. Las personas sensibles son las que cambian el mundo, las que hacen que gire con un maravilloso sentido. Y aquí en esta categoría se encuentran los artistas.
Una vez que Los Beatles se disuelven en el 69 es interesante observar cómo evolucionó la música de alguien como John Lennon. Si echamos un ojo a su discografía en solitario o leemos algo sobre su vida, nos daremos cuenta que a medida que pasa el tiempo encontramos a un Lennon mucho más comprometido con el mensaje que con la propia construcción de las canciones. Con dos acordes, en pijama y sobre una repleta cama escribió “Give peace a chance” que se convirtió muy pronto en el himno de cualquier manifestación antibélica. Temas como “God”, “Working Class Hero”, “Power to the people”, “Imagine”… demostraban que su compromiso caminaba por encima de acordes y melodía. No necesitaba inventar nada nuevo. Simplemente hablar de todo lo que le afectaba o sentía, que era mucho. También fue Lennon quien dijo “que la vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes”.
Hoy todo se quiere resolver haciendo planes. Todos los artistas que empiezan, buscan el sistema que los catapulte y los saque de este inmenso agujero en el que parece que está metida la música. Todos son personas sensibles, con más o menos talento, que sufren por no ver cumplidas sus expectativas. Chocan directamente con aquellos que no lo son (que suelen dirigir el negocio musical), y se enfrascan en guerras absurdas, emponzoñándolo todo. Metiendo en el mismo saco a unos y a otros. Entre ellos se obligan a entenderse y eso es tan absurdo como esperar que alguien sin sensibilidad se emocione con la intención de tu mensaje, o que alguien sumamente sensible dirija una planta de vertidos tóxicos en Namibia.
El secreto no está en tener uno o dos discos en el mercado. Es más, lo que precisamente sobra en el mercado son discos de aquellos que no tienen nada que contar. Hace tiempo que grabar discos pasó a un segundo plano. Es algo sólo un poco más sencillo que aprender a manejar la Thermomix. Lo que hace falta es compromiso. Conocerse lo suficiente para descubrir qué te afecta y qué te supera por encima de todas las cosas. Qué es lo que quieres decir y quién puede querer escucharlo. Debes partir de algo emocional no de algo premeditado. Todos los grandes éxitos musicales surgieron de esta forma. Puedes preguntar a los autores y artistas que lo hicieron. No se trata de sentarte a inventar el hit del verano en medio mundo. Coger estas piezas, ponerlas en esta posición y darle a la gente lo que piensas que quiere. Esa es la historia de la “fast food music”, pero todo eso pasa. Normalmente, nada de esto cimienta carreras.
Una vez que lo emocional promueva tu música, sea el núcleo de ella,  luego vendrán los planes. Luego se hará un esfuerzo porque esa música sea rentable. En ese momento todo será un proceso más cerebral y organizado. El error es que la mayoría de movimientos que realizan los nuevos artistas en este sentido están impulsados por numerosos planes, que al final como bien sabía Lennon, no se cumplen. Siendo personas muy sensibles pretenden organizar sus carreras de manera totalmente cerebral. Se olvidan de su naturaleza y no son de verdad.
De lo emocional lo cerebral, no al revés. Es el mismo trayecto que realiza un artista (de lo sensible) hasta una discográfica (lo no sensible, la maquinaria), por ejemplo. Si la idea es verdadera y corresponde a lo que eres y a lo que sientes, al final debe encontrar un momento en el que se ponga en circulación y llegue a la gente. En ese instante será el momento de inventar planes, promociones, cosas ingeniosas que te permitan alcanzar mayor éxito. Con disquera o sin ella.
Conocerse y admitir cómo es uno parece sencillo. “Soy artista, sufro y tengo la necesidad vital de hacer esto” debería ser el primer paso. En cambio, aceptar este compromiso es muy complicado. Preferimos seguir haciendo planes. Uno tras otro.
“A ver qué invento hoy para que me cambie la vida”. “¿Y si montara una banda de rock gótico?”.
Es más fácil que todo eso. Es ser lo que eres. Y no debe ajustarse a ningún plan mágico. Es adaptar todo lo que te preocupa a lo que realmente eres. Tu hipoteca, tus inquietudes, tus sueños, tu música… a tu forma de entender la vida. Si tocas flamenquito en un bar no pretendas comprarte la casa que Mick Jagger tiene en Dubai. Si ensayas en el garaje de tu casa con tus cuatro amigos no te cabrees por no salir en la tele tantas veces como Amaral. No en ese momento. Quizás llegue tu momento, pero tendremos que seguir trabajando para lograrlo. No quieras parecer insensible como los demás, y organizarlo todo como si nada te afectara. Eres artista. Empieza por entender a los de tu especie, como el que estudia sus antepasados. Empieza a darte cuenta lo importante que es para ti sentirse bien a nivel emocional y lo que afecta eso a tu trabajo. Si esto lo tienes claro y llevas años intentándolo sin suerte, quizás estemos haciendo algo mal. Tal vez no tengas suficiente talento, carisma, material… todo es posible. Quizás no caminemos en la dirección correcta, aunque eres tú quién debería vislumbrar el camino.
Así que no quiero oír ni un plan más.

Hace tiempo que solamente escucho planes.

Hace tiempo que no te escucho cantar.

(Obligatorio)
(Obligatorio)


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