Archive for Mayo, 2009

A veces nos pasamos la vida haciendo planes, para descubrir finalmente que la mayoría apenas se cumplen. Nos tomamos nuestro tiempo en reflexionar sobre ello, en buscar una solución rápida a lo que está predestinado a solucionarse por sí solo. Al final la vida siempre te sorprende. Y normalmente no estamos tan preparados como parece.

Esta canción nace con esa idea en la mente. Con el paso de los años, uno echa la vista atrás y recuerda todos los errores que cometió. Obsesionado con programar cada paso en una relación, uno termina olvidando el lenguaje más sencillo, el sentido más primitivo de dos personas que se quieren. Y entre augurios, doctrinas y laberintos, vamos perdiendo el rumbo y lo más importante, la verdadera razón que nos trajo allí. Pecados de juventud, tal vez. Pero esa mirada al pasado no es fría ni reprochable, al contrario. Es honesta y reveladora. Ahora nace de la experiencia, del que observa con nostalgia lo que pudo ser y no fue. Y es entonces cuando aprendes a vivir.








Es muy difícil explicar cómo surgieron algunas de las canciones de este disco, sin recordar constantemente el terrible lugar desde donde partieron las ideas. Me esfuerzo por hablar de ello sin explotar su lado más sombrío, pero es imposible apaciguar el dolor que llevo dentro. A pesar de haber escapado de un destino cruel, una parte de mí quedó rodeada de extraños que lloraban por sus familiares. Y no volvió. Allí, en aquel último bastión de un viejo hospital, aprendí a rezar con tanta fuerza que nunca creí estar más cerca del cielo. Entonces me dí cuenta de que a las puertas de la UCI todos éramos iguales y que nadie tiene privilegios a la hora de obtener una comparecencia divina. Da igual el volumen de tus oraciones. Allí, todos estábamos igualmente jodidos.

La vida está llena de sucesos que apenas entendemos. A veces sólo la fe en Dios, en las personas, en la ciencia o en lo que elijas, puede arrojar luz sobre la incógnita. Puede marcar si no una solución, al menos una dirección. Un rumbo a seguir.

“Me quedaré por ti” es una canción que habla sobre Dios y sobre el miedo a que no aparezca cuando más lo necesitas. Estar dispuesto a sufrir contigo, a acompañarte, a ponerme en tu lugar, por si Él finalmente no aparece para echarnos una mano, denota una desconfianza y una falta de fe insultante.

Pero lo más curioso es que haciendo precisamente todo eso pude sentir a Dios en cada movimiento, como nunca antes lo había sentido.







El conflicto en Oriente Medio se ha integrado en nuestros informativos de tal forma que lo observamos con una cotidianeidad muy peligrosa. Sin reparar en la gravedad del asunto, nos basta con culpar a unos o a otros según convenga y rápidamente pasamos a colocarles la etiqueta de “enemigos”. Deshacemos gobiernos y atacamos países según interese, y lo peor que al final no hay democracia que florezca tras las ruinas. Siempre acaba reinando el odio. Siempre acaba pagando el pueblo. Al final ya no quedan lágrimas para tanto dolor. Sólo aire, que quema, que va y viene entre la nada.

Compuse esta sencilla canción como reflejo de esa cruel historia que parece repetirse una y otra vez, año tras año, sin final aparente y encontré a Rania y su mágica voz en mi camino. Ella me llevó a Granada, al barrio del Albahicín en busca de un maravilloso músico marroquí llamado Nízar Liemlahi. Él se encargaría de llevar este mensaje a su idioma, a su mundo. Una mezcla de culturas, música y lenguaje. Allí con la Alhambra de testigo, cruzamos un puente entre dos mundos con la osadía de lanzar un mensaje tan sencillo como universal. “Algún día, estoy convencido, volverá el amor. Volverá la paz”.


Traducción de su
letra original del árabe:
Letra: Nízar Liemlahi
Música: Jaime Roldán

Niños
cayeron.
Inocentes.

Mujeres
fallecen.
Inocentes.

Humanidad
¿Dónde está la conciencia?.
¿Dónde está la paz?.
¿Dónde está la unidad?.

Me quema el aire.
Me quema el aire.
Me quema el aire…
de no llorar.

Escuelas bombardeadas.
Hogares derruidos.
Hospitales.

Un pueblo llorando.
Un pueblo humillado.
¿Dónde está la paz?.

Humanidad
¿Dónde está la conciencia?.
¿Dónde está la paz?.
¿Dónde está la unidad?.

Me quema el aire.
Me quema el aire.
Me quema el aire…
de no llorar.

Humanidad
¿Dónde está la conciencia?.
¿Dónde está la unidad?.

Algún día,
en algún lugar,
volverá el amor.
Volverá la paz.






Habitamos un planeta dormido, al que a causa de nuestra imprudencia parece que hemos sedado y moldeado a nuestro antojo. Así al menos lo tratamos, como si realmente fuéramos dueños de esta tierra que ocupamos. Pero estamos muy equivocados porque en el fondo este mundo es salvaje y se defiende. En él ocurren muchos fenómenos naturales que tienen una incidencia directa en nuestra vida, la mayoría catalogados como catástrofes. Sin embargo algunas parecen respuestas a nuestros actos. Entre todas siempre me llamó la atención el fenómeno climatológico “El Niño”.  Nacido en Perú, fue bautizado por pescadores quienes cada cierto número de años, percibían un ligero aumento de la temperatura de la corriente peruana durante la época navideña. De ahí su nombre en referencia al “Niño Jesús”. Sus consecuencias pueden percibirse en casi todos los continentes y es tan capaz de producir lluvias intensas en el tiempo como devoradoras sequías.

Aunque no todos aprueban la teoría que el cambio climático está afectando a este fenómeno, sí hay científicos que observan como “El Niño” se va haciendo más fiero con el paso de nuestra temeraria actitud e incluso pronostican que puede convertirse en un incidente meteorológico permanente. En este punto pensé que sería muy interesante abordar una canción desde una posición melancólica. Investigué y tomé como base las experiencias vividas de muchos de los afectados en el continente sudamericano. Familias que viven en zonas de alto riesgo y que escapan cuando “El Niño” apremia, cada varios años, para volver luego al mismo sitio y reconstruir por entero sus cultivos y sus casas, hasta que el fenómeno se vuelva a repetir. Esa actitud resignada de quien acepta la crueldad de la naturaleza pero no se rinde y vuelve a su hogar, era un argumento lo suficientemente poderoso para escribir unas cuántas líneas: “Abrázame, antes que cambie el tiempo, antes que acabe el día. Antes que truene el cielo la más cruda melodía. Antes que se haga el silencio y llore esta tierra mía. Tú abrázame.” reza el estribillo. Una supervivencia cíclica impulsada por un azote de nombre infantil. Muy paradójico.

Quizás esta canción, vestida con aires de lejanas tierras, e interpretada de manera soberbia por La Brujha, una de las artistas jóvenes más comprometidas, sólo sea una manera de recordarnos que estamos aquí de prestado. La Tierra se rebela. Mantiene su diálogo. Y si no reaccionamos a tiempo, no habrá música que amanse esa fiera.






Fueron semanas antes de las elecciones. Recuerdo el primer debate desde la habitación 703 del hospital. Me tocaba pasar la noche allí. No podía imaginarme que lo peor estaba por llegar. Algunos días más tarde, la salud de mi madre caería en picado desde un séptimo piso a la Unidad de Cuidados Intensivos, en la primera planta. Poco importaba entonces quién gobernara este país y los veintitantos días que llevábamos allí escuchando excusas entre médicos y políticos. Lo más difícil comenzaba ahora.

Esta es posiblemente la canción más honesta y personal de este álbum. La llevé en el bolsillo de mi pantalón durante varias semanas. La escribí cuando mi madre pasaba la mayor parte del tiempo sedada, inconsciente. Nunca tuve el valor de leérsela. Quizás no sea muy original, ni tenga una estructura novedosa ni un estribillo poderoso. Pero fue imposible concentrarme en nada de eso. Mandé al cuerno la teoría y me lancé a por cada nota, cargando contra la yugular, herido de corazón. Escribiéndola de una tacada. Le pedí que luchara. Que no perdiera la esperanza. Con cada frase y con cada acorde. Quizás de forma inocente. “Hasta que los gobiernos no confundan las ideas y se hable de amor. Y se haga el amor” reza el estribillo.

Pasaron las elecciones, las excusas, las horas, los días y los meses… cuando ella despertó.





 

 

 
     


Esta es una historia fronteriza, de alguien que vive enamorado y que no entiende de esperanza ni oportunidades. Alguien que se ha quedado solo y no se siente capaz de sobrevivir a esa soledad. Ella lo ha dejado. Ha cruzado la frontera en busca de una vida mejor, posiblemente sirviendo a alguna familia americana de clase alta o limpiando un hotel en Woodland Hills, al norte de la ciudad. Él en cambio sigue al otro lado y no tiene intención de moverse. No le importa el dinero ni el trabajo. Sólo quiere que ella vuelva. No hay condena en su desierto, si ella la cumple a su lado.

Los Ángeles es una ciudad de paso. Todo el mundo llega para realizar su sueño, pero lo curioso es que la ciudad en sí, es un sueño para todo artista. Nada más bajarte del avión tienes la impresión de que en cualquier esquina te espera tu gran oportunidad. Todo el mundo es extranjero y ha llegado de cualquier rincón del país o del planeta. Al amanecer, la ciudad es como un gigantesco decorado justo antes de rodar, esperando que circulen figurantes de todo el universo con la ilusión renovada, día tras día. 

Esta canción sitúa la historia al sur, al otro lado de la barrera, en México. Me propuse huir de las típicas fórmulas musicales como quien planea cruzar el muro, evitando a la policía. Y para ello conté con un artista de una personalidad desbordante, cantante y guitarrista afincado en Los Ángeles y de nombre Marcus Nand. 

Esta es la historia de un desgraciado que sólo entiende de amor. Un idiota que no pierde la fe. Un loco al que admiro y que sobrevive alimentando un sueño, y al que no le asusta las horas al sol ni el anochecer. Alguien capaz de convertirse en estatua, al filo de la frontera, esperando ingenuamente que la figura de María abandone sus sueños y cruce de vuelta el horizonte.




 

 

 
     

Desde su origen, el cine se ha esforzado por endulzarnos la más fría realidad hasta límites insospechados. La narrativa se ha encargado de crear clichés que retraten los sentimientos humanos más básicos. No hay beso en la pantalla que no lo acompañe una legión de violines desafiando a la gravedad. Y todo capitán sabe que es imposible batallar sin un poco de niebla y un continuo redoble de un centenar de tambores. Pero en casa, cuando apagas la tele y te enfrentas a una sencilla relación de pareja, a veces descubres que tu esfuerzo por convertir lo cotidiano en algo especial, puede ser más romántico que un aria de Puccini.

Ese fue el punto de partida de esta canción llana y optimista. ¿Existe algo más sincero que hacer todo lo que uno puede por una persona?. Con ese título abarcamos todos los esfuerzos. Y era mucho más interesante si retrataba a una pareja joven, sin muchos lujos. A los que le bastaría con besarse en la parada del autobús o a la sombra de un viejo portal.

Por todo ello, su melodía debía ser sencilla y pegadiza. Necesitaba una canción directa y sin muchas pretensiones. Que sonara a cualquiera de las ciento de miles de historias que suceden en una gran ciudad. Tenía a un talentoso y joven artista como Baltanás que encajaba perfectamente con el perfil de intérprete. Y fue entonces cuando apareció la idea de aderezarla con una instrumentación propia de la música irlandesa. De esta forma, la canción tendría un colorido propio. Surgió la colaboración con el grupo celta, Stolen Notes y junto a ellos convertimos este tema tan espontáneo en una historia especial. Al final, rompimos con la rutina y descubrimos nuevamente, que es imposible escribir una canción sin adornos, sin dejarte llevar. Y que por mucho que hables de algo real y cotidiano, por mucho que te ciñas a la más estricta verdad, no hay amor ni gran batalla, sin niebla y un repicar de tambores.


“Me quema el aire” es una canción por desgracia de rabiosa actualidad. Desde el primer momento tuve claro que su estribillo debía ser un grito desgarrador y universal. Y qué mejor forma de expresarlo que a través del flamenco. Manuel Delgado posee una de las voces jóvenes más emocionantes que jamás había escuchado y no era la primera vez que trabajábamos juntos. En cuanto tuve escrito el estribillo su imagen me vino a la cabeza. El contraste que supondría con la voz y la ternura de Rania imprimiría un carácter único al tema. Entonces apareció la idea de realizar dos versiones de la canción.

Una visión más europea, efectista y pomposa, que combina el español y el francés y que representa una mirada más internacional pero a la vez más fría de un mismo conflicto. Recordé que desde la distancia y por televisión, a veces observamos esas explosiones que surcan el cielo en oriente, como si fueran fuegos artificiales, con la tranquilidad con la que uno contempla la inauguración de unos Juegos Olímpicos o un parque de atracciones.

Por otro lado una versión narrada en árabe, pero no exenta de emoción. Más íntima y sencilla, desde una mirada cercana y más afligida. Un diálogo entre la guitarra española y el violín, todo ello aderezado con percusiones grabadas en el Líbano.

Ambas son una manera de entender este mundo. No importa cómo las vistas o arregles, porque su lenguaje es el mismo. Como lo son las personas. Como lo es el amor.



Letra: Nízar Liemlahi & Jaime Roldán
Música: Jaime Roldán

¿Qué pasa aquí?.
¿Qué es esto?.
Mi corazón.

¿Qué pasa aquí?.
No entiendo.
Mi corazón.

Dice no lo harás.
Dice no lo haré.
Dice nunca más
yo no te odiaré.

Me quema el aire.
Me quema el aire.
Me quema el aire…
de no llorar.

Noches de fuego
abrazan el cielo.
No es un juego.

Una inmensa prisión.
Un muro de deshonra.
Eso no es la paz.

No podrás.
No lo harás.
Jamás nunca jamás.
Jamás habrá odio.

Me quema el aire.
Me quema el aire.
Me quema el aire…
de no llorar.

Esto no es un sueño.
Es tan real.
Esto no es vida.

Algún día,
en algún lugar.
Volverá el amor.
Volverá la paz.


Me he puesto tantas veces en el lugar del artista que he olvidado mis propias inquietudes. Escribir canciones para los demás lo requiere. Pensar como ellos, estudiar su público, utilizar expresiones que suenen creíbles en sus bocas. La gente da por hecho que una canción no es más que una expresión de sentimientos del que la canta. Nadie piensa en quién la escribe. Pero ¿qué sienten realmente los autores?.

“Pasa” es una declaración sincera, una radiografía de mi interior. Un autor está abierto a seísmos y tempestades, porque debe vivir. Sin experiencia no hay aventuras que contar, pues uno escribe de lo que entiende y ha vivido. Esta canción es una oportunidad para decir algo con voz propia. Una invitación a participar de mis victorias y mi debacle, tan necesarias para renacer cada dos por tres en una nueva canción. Por primera vez, es el compositor quien habla y es el artista quien en un inusitado gesto, camina en segundo plano, poniéndose en su piel.

Por todo ello, me veía en la obligación de escribirla. Para recordarme a mí mismo, que tras la figura iluminada del artista, nosotros -los autores- aguardamos otro momento de gloria. Aquel que tras la caída, nos obliga a embarcarnos en una nueva historia que contar.


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