Habitamos un planeta dormido, al que a causa de nuestra imprudencia parece que hemos sedado y moldeado a nuestro antojo. Así al menos lo tratamos, como si realmente fuéramos dueños de esta tierra que ocupamos. Pero estamos muy equivocados porque en el fondo este mundo es salvaje y se defiende. En él ocurren muchos fenómenos naturales que tienen una incidencia directa en nuestra vida, la mayoría catalogados como catástrofes. Sin embargo algunas parecen respuestas a nuestros actos. Entre todas siempre me llamó la atención el fenómeno climatológico “El Niño”.  Nacido en Perú, fue bautizado por pescadores quienes cada cierto número de años, percibían un ligero aumento de la temperatura de la corriente peruana durante la época navideña. De ahí su nombre en referencia al “Niño Jesús”. Sus consecuencias pueden percibirse en casi todos los continentes y es tan capaz de producir lluvias intensas en el tiempo como devoradoras sequías.

Aunque no todos aprueban la teoría que el cambio climático está afectando a este fenómeno, sí hay científicos que observan como “El Niño” se va haciendo más fiero con el paso de nuestra temeraria actitud e incluso pronostican que puede convertirse en un incidente meteorológico permanente. En este punto pensé que sería muy interesante abordar una canción desde una posición melancólica. Investigué y tomé como base las experiencias vividas de muchos de los afectados en el continente sudamericano. Familias que viven en zonas de alto riesgo y que escapan cuando “El Niño” apremia, cada varios años, para volver luego al mismo sitio y reconstruir por entero sus cultivos y sus casas, hasta que el fenómeno se vuelva a repetir. Esa actitud resignada de quien acepta la crueldad de la naturaleza pero no se rinde y vuelve a su hogar, era un argumento lo suficientemente poderoso para escribir unas cuántas líneas: “Abrázame, antes que cambie el tiempo, antes que acabe el día. Antes que truene el cielo la más cruda melodía. Antes que se haga el silencio y llore esta tierra mía. Tú abrázame.” reza el estribillo. Una supervivencia cíclica impulsada por un azote de nombre infantil. Muy paradójico.

Quizás esta canción, vestida con aires de lejanas tierras, e interpretada de manera soberbia por La Brujha, una de las artistas jóvenes más comprometidas, sólo sea una manera de recordarnos que estamos aquí de prestado. La Tierra se rebela. Mantiene su diálogo. Y si no reaccionamos a tiempo, no habrá música que amanse esa fiera.






Una Respuesta para “Título

  1. admin dice:

    ¡Hola! Nos encantaría que nos dejaras tu opinión sobre esta canción, sobre el artista o el álbum. ¡Gracias!

(Obligatorio)
(Obligatorio)


Últimas entradas publicadas

Compra el disco en iTunes
Ir al grupo de facebook
Compra el disco en like
Compra el disco en espace
Entra en Reverb Nation
Letras del disco en pdf


Quantcast