Esta es una historia fronteriza, de alguien que vive enamorado y que no entiende de esperanza ni oportunidades. Alguien que se ha quedado solo y no se siente capaz de sobrevivir a esa soledad. Ella lo ha dejado. Ha cruzado la frontera en busca de una vida mejor, posiblemente sirviendo a alguna familia americana de clase alta o limpiando un hotel en Woodland Hills, al norte de la ciudad. Él en cambio sigue al otro lado y no tiene intención de moverse. No le importa el dinero ni el trabajo. Sólo quiere que ella vuelva. No hay condena en su desierto, si ella la cumple a su lado.
Los Ángeles es una ciudad de paso. Todo el mundo llega para realizar su sueño, pero lo curioso es que la ciudad en sí, es un sueño para todo artista. Nada más bajarte del avión tienes la impresión de que en cualquier esquina te espera tu gran oportunidad. Todo el mundo es extranjero y ha llegado de cualquier rincón del país o del planeta. Al amanecer, la ciudad es como un gigantesco decorado justo antes de rodar, esperando que circulen figurantes de todo el universo con la ilusión renovada, día tras día.
Esta canción sitúa la historia al sur, al otro lado de la barrera, en México. Me propuse huir de las típicas fórmulas musicales como quien planea cruzar el muro, evitando a la policía. Y para ello conté con un artista de una personalidad desbordante, cantante y guitarrista afincado en Los Ángeles y de nombre Marcus Nand.
Esta es la historia de un desgraciado que sólo entiende de amor. Un idiota que no pierde la fe. Un loco al que admiro y que sobrevive alimentando un sueño, y al que no le asusta las horas al sol ni el anochecer. Alguien capaz de convertirse en estatua, al filo de la frontera, esperando ingenuamente que la figura de María abandone sus sueños y cruce de vuelta el horizonte.

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