"La Ley de Darwin" nos presenta la portada de su primer trabajo

Portada de La Ley de Darwin.

Tres profesores entran en una biblioteca. No van cargados con libros. No visten chaquetas a cuadros ni caminan encogiendo los hombros. No llevan tiza en las manos, gafas redondas ni maletín.  Arrastran un amplificador Fender Twin Reverb Blackface del 66 que han pasado por debajo del mostrador ante la mirada despistada de la vieja encargada. En una mano una funda de guitarra. En la otra una carpeta tatuada de fórmulas, exámenes por corregir y un buen puñado de canciones escritas a mano. Saludan a los presentes ante la mirada atónita de quienes se cruzan en su camino. Las mesas están inundadas de estudiantes que bucean entre miles de páginas y apuntes, ausentes del planeta Tierra, en calma, sumidos en un profundo misterio. Los profesores llegan a su objetivo, justo en el centro de la sala. Lanzan un cable. Sacan los instrumentos. Se suben a la mesa.

Se ruega silencio, por favor.